¿CÓMO LOS ESCRIBO?

De entre tanta teoría, tutoriales, libros y consejos maravillosos de plumas más potentes que la mía, no aspiro a enseñar a escribir un microrrelato, simplemente, compartir, poco a poco, mis obsersiones personales para producirlo(s).

 

Como fiel creyente de eso que he aprendido en mi propio proceso formativo, la planeación (que no es otra cosa que orden, objetivo, prinicipio y fin, qué y para qué) debo saber, aunque sea vagamente, sobre lo que voy a  escribir y, de manera fundamental, qué busco con ello.

Como lectora, he aprendido a reconocer, en unas líneas e, incluso en un par de palabras, ideas claras, abstracciones complejas y potentes. Cuando analizo micros ajenos, busco los andamios, la arquitectura, observo con detenimiento y aprendo. Se nota donde hay trabajo y donde no. Por eso, suscribo, si alguna vez se me aparece una musa, como un fantasma, mejor que sea trabajando y así no muero de susto.

1.

Escribir para echar músculo literario es fundamental: ensayar, pulir, leer en voz alta, buscar ritmos y repeticiones. Sin embargo, estoy convencida que antes de sentarme frente al teclado para producir un texto, hay muchas horas de abstracción, consciente o inconsciente. Aunque parezca que esas horas no puntúan como producción literatia, lo hacen. Un texto comienza cuando, a partir de un detonante, los engranajes de la reflexión comienzan a girarme. 

2.

"Quiero hablar de violencia", concluí un día. "Me duele tanto...". Creo que en el corpus temático como sello (con suerte, un día se convierte en una Obra, con mayúsculas, quién sabe). Eso sí, el sello sólo es producto del mi impronta

 

3.

Estoy convencida que un libro de microrrelatos debe ser una propuesta completa, el desarrollo de un planteamiento donde los micros, esa arma cargada de futuro, sean la abstracción digerida a dosis.